1 de octubre de 2007

EL PRIMER RENUNCIO

Hay derrotas y derrotas. Hay derrotas admisibles, lógicas, derrotas que no escuecen. También hay derrotas que enorgullecen. Por ejemplo, la que sufrió el CAI Aragón en Magdeburgo en la final de la Copa EHF, después de un heroica demostración de dignidad y hombría sobre la pista. Otras, como la de hace unas horas en la pista del pabellón del Portland San Antonio, causan rubor, vergüenza. Sí, he dicho vergüenza. Quienes quieren y sienten el CAI Aragón, quienes han puesto todo su esfuerzo e incluso su dinero para que Zaragoza sea una ciudad de referencia en el balonmano español y europeo, quienes por obligación y/o devoción seguimos y sentimos este equipo, ayer sentimos vergüenza. El resultado de 37-24 final denota lo allí acontecido y perpetrado.
No se le puede exigir al CAI Aragón ganar en Pamplona. El Portland es un equipo extraordinario respaldado por una afición entendida, avalado por una década de presencia en la elite mundial y toda una vida recorrida en la máxima categoría nacional. El conjunto aragonés acaba de llegar hace cuatro días a la Asobal y en dos años se ha aproximado a los grandes. Sólo con derrotar a los equipos medios y bajos en sus dos primeras temporadas en la elite, ha conseguido arrimarse a los poderosos. Este año, además de acercarse al Ciudad Real, al Barça y al Portland, esperaba unirse al Ademar y al Valladolid en su lucha por asustar al trío cabecero. Ése era el objetivo y para eso se invirtió en mejorar el bloque. Llegados aquí, después de ajustarse a la logica y vencer en las dos primeras jornadas al Torrevieja y al Almería, el CAI Aragón se rajó ayer en Pamplona en su derrota probablemente más dolorosa de su historia.
La clasificación no refleja la trascendencia real del resultado. El conjunto aragonés perdió ayer dos puntos con los que muy pocos contaban. Es decir, desde el punto de vista matemático, la avería que ayer ocasionó el Portland se aproxima a cero, a nada. La trascendencia del partido cabe buscarla en el apartado moral, en la patética imagen mostrada en el pabellón de la Universidad de Navarra en un encuentro transmitido para toda España por La 2. La dimensión de este revés quedó plasmada a la conclusión del partido en el rostro serio del presidente, Ricardo Arregui; o del vicepresidente, Paco Poblador; o del director deportivo, Óscar Mainer; o de los jugadores que desempeñan un rol dominante en el vestuario (Amadeo, Ortega, Toño Cartón...). La decepción era mayúscula. Todos esperaban un choque abierto, peleado. Todos querían ver como respondía el CAI Aragón ante un grande de verdad. No hubo respuesta. Sólo un buen cuarto de hora y la capitulación incondicional nada más que los navarros tomaron cinco goles de renta.
Sorprendió el silencio de Kosovac durante el encuentro. No se pueden vivir las victorias igual que las derrotas. El gesto es tan incomprensible como quien se ríe siempre de todo o nunca de nada. Evidentemente, los culpables del primer renuncio serio en la historia del club no fueron solo los jugadores. Quedan 27 jornadas de Liga, la Copa del Rey y la EHF para resarcirse.